miércoles, 8 de diciembre de 2010

Pensamientos...


Si el entendimiento
pudiera comprender
el porqué de la belleza de tu ser.

Sería tan igual como tú.

La divinidad
que se digna en andar
entre insulsos mortales;
como yo.

Dime que me adoras...


¡Vamos niña!

No sonrías a escondidas;
ni te ocultes entre miradas lascivas
de la luna de almíbar.

No le suspires al Eolo,
gimoteando entre sollozos
que soy de tu corazón,
el oculto alborozo.

Ni imites a la Artemisa,
que celada y sigilosa,
está esperando a su presa
para hacerla sumisa.

¡Ay mujer!

De voz alegre y soñadora,
de mirada tierna y encantadora;
no seas mi valentina acusadora

Y deja… ¡Por favor!... te lo ruego,
de hincharme las bolas.

Y dime tan solo,
que me adoras.

martes, 7 de diciembre de 2010

El adiós...

Delante de ti, oyendo tu dulce voz, extasiado en tu delicada mirada que me hace olvidar quien soy. Redibujando aquellos labios hermosos que pronuncian palabras, que mis oídos no oían.

Tu pelo castaño, tan finos, tan delgados, tan perfectamente perfumados. Tu cuerpo perfecto, intocable para los malos pensamientos.

Tus manos blancas, blancas como los suspiros de mi corazón y el color inmenso de esos ojos castaños que guardan la belleza de mi amor.

Bella estabas en éste día, mi dulce fulgor y tus labios se movían sin cesar dentro de mis pupilas, emitiendo sonidos que poco a poco llegaban como tromba derruyendo todos mis suspiros por ti.

-         ¡Me Oyes!... ¿Estas escuchando lo que te digo?...Eso es lo que quiero, quiero alejarme de ti... ¡No saber más nada!... ¡Estoy harta de tu mirada triste, de tus palabras dulzonas, del toque tierno de tus manos!… ¡No quiero volverte a ver nunca más!

La miré atentamente y comprendí lo que me decía, pero no supe que responder.  Mi mente atormentada por sus injurias, sólo pensaba:

-         ¿Por qué me hieres, mi princesa?... ¿Por qué tus palabras son ahora filudas navajas que desgarran sin misericordia mi alma enamorada?... ¿Por qué me tiras al olvido?... ¿Por qué hundes mi amor, en aquel hirviente infierno que es tu desprecio?... ¿Por qué ahora, esos ojos amados, me miran con odio y rencor mal sano?

-         No te quiero ver… ¡Lárgate!... ¡Lárgate!… ¡Me aburres!

En ese preciso momento que todo bajo mis pies temblaba, me acorde de la vez que me preguntaste:

-         ¿Cómo eres?... ¿Quién eres?... ¿De donde eres?

Y  entonando una vieja canción te contesté:

Me gusta el sol
y la mujer cuando llora,
las golondrinas
y también las señoras;
saltar balcones y abrir las ventanas
y las muchachas en Abril.

 No soy de aquí / ni soy de allá / no tengo edad / ni porvenir / ni ser feliz / es mi color de identidad.

Reíste y me miraste dulcemente y mis labios sintieron la ternura de tu amor en un beso, me abrazaste fuertemente y me dijiste cariñosamente:

-         ¡Te quiero!

¡Todo lo olvidaste!, todo se perdió en aquel momento, no solté ni una palabra, no volví a ver tu mirada, giré y me aparte de su lado;  podía oír como mi corazón que agonizaba.

Mis ojos se pusieron marchitos y mi rostro seco, se humedeció de lágrimas y la gente que pasaba por mi lado burlonamente me miraba. Pensaba en sus palabras y me preguntaba:

-¿Por qué tanto odio?... si yo aún te quiero… ¿por qué tanto rencor?...si solo cariño te he dado…no entiendo lo que paso… ni lo entenderé jamás.

Caminé, caminé sin rumbo porque ya no me importaba nada.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El adiós... (final)

Era un día muy especial sus ojos brillaban como caramelo cafés que resplandecían con el brillo de los cielos, su pelo castaño, su cuerpo esbelto, extenso casi perfecto.

Su rostro dibujaba la devoción y el cariño hacia alguien que amaba con todo su ser, un bello presente había comprado para ese día tan especial.

Lo saco de su estuche y lo miró para volver a apreciar tan exquisito regalo.

-          Se alegrará de verlo, es lo que necesita, tal vez me lo rechace pero yo lo convenceré para que lo use, sé que es muy orgulloso mas si se lo pido con ternura lo recibirá… estoy segura.

Se acicala, se mira en el espejo y sonríe, sabe que esté será un día inolvidable; el mejor maquillaje, el mejor perfume, el mejor vestido, todo para que sea perfecto.

Toma las llaves de su auto y sale prontamente al encuentro de su amado,  observa su reloj y se da cuenta que se le ha hecho tarde.

-          jajaja estará molesto por el retraso pero, con un beso bastará para calmarlo – se dice así misma.

Estaciona el auto y camina rápido al lugar donde siempre por más de un año se han encontrado; la banca, los cielos naranjas, la brisa tenue que embarga, los árboles, las flores, las risas de los niños y, el abrazo y los besos de los enamorados que cubren aquel parque tan querido por todos.

Lo ve a lo lejos y se da con la sorpresa que no está solo, junto a él una hermosa mujer de pelo negro y tez tan clara como la luna de mayo. Por un momento no sabe que pensar se queda estática.

Se abrazan con cariño y le parece ver que se dan un beso; miles de cosas pasaron por su mente, no sabia qué hacer.

Las lágrimas le caen de su bello y terso rostro, solloza por un instante pero se da valor así misma, quita las marcas de tristeza y decepción de su cara y avanza dispuesta a encararlo.

-          ¡Como pudiste hacerme esto a mi, eres un maldito desgraciado!... ¡Te odio!... ¡Te odio con todo el alma!

El no dice nada, sólo la mira extrañado por aquella reacción. El silencio de él  la ofusca más, su impotencia y la rabia  le hacia cenizas el alma, la ira le obligo a decir lo que realmente su mente enamorada no sentía, porque aún lo amaba:

-Me Oyes… ¿estas escuchando lo que te digo?… quiero alejarme de ti… no saber más nada, estoy harta de tu mirada triste, de tus palabras dulzonas, de tus manos delgadas… ¡no quiero volverte a ver nunca más!... ¡no te quiero ver!... ¡lárgate!... ¡lárgate!... ¡me aburres!

Él, al ver su terrible odio en sus ojos, sólo gira y la deja ahí, sin decirle nada. En aquel hermoso rostro que fue de ternura, ahora estaba lleno de venganza, de rencor y odio, corre y sube a su auto y sin pensarlo un momento su furia manejaba.

Pudo apreciar claramente la sombra de su gran amor que se alejaba, acelera violentamente y con un solo golpe, seco y violento con la vida de él terminaba.

Escapa a toda velocidad de aquel lugar, enciende la radio de su auto y entre lágrimas entona la canción que él siempre le cantaba:

Me gusta el sol
y la mujer cuando llora,
las golondrinas
y también las señoras;
saltar balcones y abrir las ventanas
y las muchachas en Abril.

 No soy de aquí / ni soy de allá / no tengo edad / ni porvenir / ni ser feliz / es mi color de identidad.

A lo lejos donde había ocurrido el fatal desenlace, se oye los gritos y lágrimas de una muchacha que tiene en su regazo el cuerpo sin vida de Gabriel.

- ¡No puede ser!... ¡no puede ser!... ¡hermano!... ¡hermanito! … ¿qué te hicieron?

viernes, 3 de diciembre de 2010

Y te quiero...

Y te quiero
bajo mis cielos
revoloteando
como cándido señuelo.

Gorgoriteando
en mis labios abatí
sumisos y tristes
recuerdos de Ypacarai.