Mostrando entradas con la etiqueta Recopilación de mis escritos 2007. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recopilación de mis escritos 2007. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de julio de 2009

lloré por ti...


Cuan espuria y vana
es este suspiro lleno
de terrible desgana.

Sentidos sulfurados…
Prado maldito…
¡Sesgo que se desangra!

Rodaja ínfima…
Oro desgranado…
¡Entupidas ideas desoladas!

Cuan vacío es el día…
Noche que martiriza…
¡El sentimiento que acobarda!

Pequeños ríos de cóncavas heladas,

tumulto de vibraciones
que retuercen el alma.

Sonrisa mordaz
que aplaca la tristeza,
¡Oculta y desahogada!

¡Maldito día en que te vi!
¡Maldita noche en que sentí!

Que era un ser tan débil
qué llegué a llorar, solo por ti.

miércoles, 24 de junio de 2009

Dios y el ser humano... (Sátira)



Esta es una corta historia,
qué no es vanagloria.

Si eres religioso,
no leas esto,
que es ominoso.

-------------------------------------

Dios creó los cielos, los mares,
a las plantas, a los peces,
y a los animales.

Más se aburría de ver lo mismo,
y para darle un poco de sazón,
creó al ser humano con mínima razón.

Todo era bello y hermoso;
cielos limpios y claros,
los animales corrían alegres,
las plantas reverdecían felizmente.


¿Y el humano?

¡Estaba malogrando,
todo lo creado!

Dios se dijo:

¡Maldita hora
que se me ocurrió
crear al ser humano!

¿Qué hago?

¡Ya se!
lo pinto de colores,
y les doy un poco
de mi infinita sapiencia;
así entenderán,
y feliz estarán.

Pero sin embargo,
el humano siendo lo que es,
en vez de mejorar
todo lo comenzó a empeorar.

Y un día sin querer,
devastó todo el planeta,
no quedando nada de él.

El dios hacedor,
entre lamentos susurro:
¡Ni más creo al ser humano!
Por que… ya ven.

¡Me jodió el planeta!

martes, 14 de abril de 2009

Su gran amor, por mi.


La conocí un día cualquiera,
cielos claros y bellos;
ella solitaria y perturbará.

Ojos color cielo, cejas oscuras,
nariz bellamente perfilada,
labios azules y sombríos,
cruces negras adornando sus orejas.

Un collar con un dije de calavera;
blanca su piel como la nieve,
uñas bellamente negras.

Todo alrededor de ella, era sombrío.
Todo fuera de ella,
era alegría puramente bella,
la vi, y me enamore perdidamente de ella.

Entre dudas y sombras
me acepto como algo suyo.
Entre felicidad y asombro
me alegre de mi amor por ella.

Su conversación eran cosas extrañas;
odio, venganza, suicidios, mutilaciones,
asesinatos, y extrañas perversiones.

Sin embargo, seguía enamorado de ella.

Le hablaba de cosas hermosas y lindas,
de cielos, de ángeles,
de aves, de lindas flores,
pero su silencio expresaba;
que eso, no era de su agrado.

Siempre me decía que me quería,
me cubría con su amor de arpía,
tocando mi amor,
con sus manos heladas y frías.

- ¡Te mataría, si te fueras de mi lado!-
- ¡Te asesinaría, si me dejaras aun lado!-

¡Eso nunca lo haría,
por que de ti estoy,
perdidamente enamorado!

Una noche me contó,
que un sueño le narro mi despedida.
Me beso con pasión,
como queriendo arrancarme la vida.

Me abrazo fuertemente,
y sentí algo desgarrar
mi corazón convaleciente.

Vi como reía furiosamente,
me mostró una daga roja rubescente.

Y me dijo:
“Solo así, estarás para siempre a mi lado”.

Agonizando aún de la mortal herida,
le respondí:
“Aún así, te sigo amando”

Su risa se convirtió en llanto,
traspaso con la misma daga
su sombrío corazón.

Y entre lamentos susurro:
“Maldecidos nos iremos amándonos,
al venerado cielo rojo dorado”.

De eso paso hace tiempo,
y voy y miro su figura
convertida en mármol.

¿Por que no tuve el valor
de seguir eternamente a tu lado?,
Y aun sigo en este mundo podrido,
añorando, nuestro dulce descanso.

sábado, 11 de abril de 2009

Lágrimas de la luna

En medio de mi gran consternación,
sentí a lo lejos un triste vagido de dolor,
me acerque al doliente rumor,
olvidando mi propia tribulación.

Vi que caían gotas del cielo,
que eran como oscuro terciopelo.
Agonizante lloriqueo de la triste luna,
que creó una bella laguna.

Se veían los pastizales
como hermosos diamantes,
cubiertos, con lágrimas agonizantes.

Una mirada angustiante
apareció en la faz de la luna,
y una espeluznante canción de cuna,
me hizo recordar mi mala fortuna.

Y al escuchar atentamente,
dijo delicadamente:
¡Duerme mi niño!
¡Duerme mi amor!
¡Duerme asesinando, tu propio dolor!

Y en medio del sombrío lago
que sus lágrimas creo,
se encontraba el cupido alado,
muerto por desamor.